El héroe anda suelto
Un estadounidense es captado en un balcón de Bogotá, en Colombia, realizando maniobras sospechosas o extrañas con un niño de siete años. La gente graba la escena, se hace viral, le acusan de estar abusando del menor. La gente llama a las autoridades pero se apelotona alrededor del edificio como una turba sedienta de sangre. La policía llega, detiene al estadounidense, la turba en la calle arma jaleo y tiene ganas de matar al detenido. El mismísimo Gustavo Petro escribe un tuit dando detalles sobre el pederasta, que es, según dice, de Texas y de derechas. Después tiene que borrarlo y anunciar que el detenido ha sido puesto en libertad al no encontrarse pruebas de que estuviera abusando del niño. Al parecer, el norteamericano estaba haciéndole la maniobra de Heimlich porque se había atragantado. Otras versiones aseguran que sacó al niño al balcón para que se calmara y respirara porque se había puesto un poco de los nervios por unos juguetes con otra criatura. El estadounidense, que estaba allí para culminar un proceso de adopción de tres menores, ha visto cómo el proceso se trunca y asegura que tomará medidas legales contra quienes grabaron la escena y le acusaron de algo tan horrible. Todavía se puede ver el vídeo con las acusaciones en redes sociales y siguen llegando comentarios de justicieros de baratillo. Incluso en los vídeos y noticias que informan de que el hombre ha sido puesto en libertad porque todo fue un malentendido, la gente dice que es mejor actuar antes y preguntar después, aunque me temo que ninguna de estas personas está dispuesta a preguntar nada de nada.
En Valencia, España, un logopeda ha sido asesinado a navajazos por un hombre de veinticuatro años que asegura que el muerto estaba abusando de su hijo de dos. Lo normal cuando vas al logopeda con tu hijo es llevar en el bolsillo una navaja de siete muelles. Según cuenta el asesino, entró porque escuchó gritar al niño como cuando él mismo le regaña y se encontró con su hijo con pañales y pantalones fuera. Pidió al logopeda que le mostrara las imágenes de una supuesta cámara o le rajaba. El logopeda se negó, posiblemente porque en la consulta no hay cámaras, y el padre navajero asesinó al logopeda. Luego se entregó a las autoridades. Mantiene su versión de héroe llevado por las circunstancias. Actualmente, casi nadie sospecha de las buenas intenciones del padre. Si entras en Twitter, ese engendro que ahora tiene nombre de página pornográfica y, de hecho, ejerce como tal, los comentarios a esta noticia están llenos de héroes de pacotilla: yo también lo haría. Yo no sé cómo reaccionaría porque tengo la sangre caliente. Un pederasta menos. Todo así. El caso es que no hay ninguna prueba, de momento, de que lo que dice el navajero sea cierto. De hecho, si leemos algunos testimonios, parece que todo estaba en su cabeza, pero incluso así, una vez más los vigilantes aseguran que es mejor actuar primero para curarse en salud. Nadie se detiene a pensar que en este caso, al menos de momento, la única víctima es el logopeda asesinado salvajemente. Incluso entre personas moderadas, lo único que se dice es que esperan que no sea cierto que el logopeda fuera un pederasta. No existe de momento ni una sola prueba que respalde las sospechas del asesino y sí, por lo que podemos leer, existen pruebas de que el padre es un tipo objetivamente peligroso. Hoy se están investigando los dispositivos electrónicos del asesinado en busca de contenido pedófilo por la acusación del sospechoso de haber cometido un asesinato salvaje. El apoyo a las víctimas siempre ha sido relativo.
El navajero no llamó a la policía, que es, llegado el caso y ante la sospecha, lo que se debería hacer, aunque aquí podría ocurrir como en Colombia y el exceso de celo lapidaría igualmente al sospechoso. Y nos encontraremos, sí o sí, con la pena de telediario, que se suele ver en procesos contra políticos pero que, sin duda alguna, existe mucho antes en este tipo de sucesos. Porque aquí no se trata de dilucidar lo ocurrido, no se trata de conocer la verdad, ni siquiera se trata de proteger al menor. Se trata de lapidar a una persona que es inocente, y lo es porque no existe condena alguna ni pruebas, de momento. Se trata de mostrarse virtuoso y heroico como Chuck Norris. Se trata de ponerse la tirita antes de la herida para situarse en el supuesto lado correcto, que todo el mundo sepa lo buena persona que eres y lo que estarías dispuesto a hacer por proteger a un niño aunque nadie te pida que te exhibas así. Leo con asombro a muchos hombres admitiendo que ellos no podrían controlarse o no saben si podrían hacerlo ante un asunto similar. Yo, que soy muy poco hombre, lo digo sin tapujos: jamás tomaría la justicia por mi mano y jamás me dejaré llevar por los impulsos de esa manera, aunque me temo que alguien que va por ahí con una chora de siete muelles no se ha visto llevado por los impulsos.
Muchas veces se habla de masculinidad tóxica como algo negativo, pero aquí, en lo del logopeda, estamos ante un ejemplo clarísimo de masculinidad tóxica, de machito enfurecido y navajero, y a la gente le parece estupenda su actitud. No tengo pruebas de que el logopeda sea un pervertido, pero sí de que el asesino es alguien que, si ha matado a un pederasta como si no, quiero tener muy lejos de mí.
También deberíamos mirar de dónde viene todo esto. El abuso sexual infantil es algo terrible, sin duda alguna, pero la sobreactuación sobre el asunto ha sembrado el planeta entero de desgracias y de inocentes que han pasado casi toda su vida en la cárcel. Se han iniciado procesos judiciales guiados por la histeria con casos que han quedado en nada. Es algo que en EEUU saben muy bien porque allí se inventó esa cosa del abuso ritual satánico que llevó a juicios interminables y carísimos a personas solo por haber sido señaladas. Los tres de Memphis, el caso McMartin o el caso Outreau en Francia son ejemplos de esta sobreactuación virtuosa. En los casos estadounidenses, todo esto tiene una considerable influencia del cristianismo evangélico. En nuestro país tuvimos el falso caso Bar España. De esta histeria, de este pánico moral, se ha hecho eco hasta la serie The Boys. De esta histeria y pánico moral derivan los casos conspiranoicos del Pizzagate y QAnon. Este último terminó con un asalto al Capitolio comandado por nazis.
Independientemente de lo que ocurra con el caso de Valencia, el logopeda ya ha sido juzgado y condenado y sobre su corta vida sobrevolará para siempre el fantasma del abuso sexual infantil. No importa que entre los testigos del suceso reinen, de momento, las dudas sobre las declaraciones del acusado porque en algunos medios se están haciendo eco de sus declaraciones para señalar después, sin declaraciones de ningún tipo, que hay padres atemorizados por si realmente el logopeda es un pederasta. La tormenta de mierda no deja pensar. El acusado no es un héroe y es más, aunque lo que dice fuera cierto, seguiría sin serlo. Me producen escalofríos las reacciones que estoy viendo y al mismo tiempo me producen una risa nerviosa porque identifico a toda esta gente con la mujer del reverendo Lovejoy de Los Simpsons y su «¿Pero es que nadie va a pensar en los niños?». Puro teatro.


La turba, la masa, los campesinos que con horcas y antorchas persiguen al mostruo de Frankenstein, anónimos o no, con razón o sin ella, son siempre el reflejo de nuestro bajos instintos. Cuanto más básica es la persona con la que estás hablando mas propensa a dejarse llevar, cuanto más violenta mas escondida detrás de "la razón del barquero", era un pederasta, un ladrón, un violador, un borracho, un yonki, un ____________, da igual, UN MONSTRUO; y ellos estan ahí para hacer justicia, siempre pervirtiendo el concepto, siempre obrando como el juez Dreed, como juez y ejecutor del delito. Y no nos olvidemos de que el delirio aún puede escalar a Minority report, y entonces aplicar la justicia preventiva al que aparenta o se sospecha que proyecta aquello que no gusta. Siempre que se tocan estos temas recuerdo el caso de Dolores Vázquez, y de como la falta de justicia tiene muchas caras, incluso la de la "justicia".
....lo de llevar una navaja ....🤦🏿♀️🤦🏿♀️