Eclipse y asombro
La capacidad de asombrarme es algo que no deseo perder. Antes creía que a medida que fuera cumpliendo años, desaparecería, pero afortunadamente no está siendo así. El miércoles me asombró el eclipse porque es algo que me puso en mi sitio, soy insignificante y al universo le doy exactamente igual, pero puedo mirarlo a la cara. Eso es asombroso. Esta semana, también, publiqué aquí una entrada sobre la derecha delirante que vivimos y sus reacciones o actitudes ante el eclipse y vino uno a decirme no sé qué de que el capitalismo es el mejor de los sistemas posibles, supongo que estará acumulando propiedades como si no hubiera un mañana y se limpiará el culo con dinero, no sé, pero me parece bien que la gente se tenga en tan alta estima y crea que no está en el lado perdedor del sistema económico que vivimos y que la dictadura tecnológica a la que aspiran todos y cada uno de los grandes capitalistas no les va a afectar. Es asombroso, sí.
Acerté de lleno en mi diagnóstico de las causas por las que una parte nada despreciable de la derecha social, política y mediática, se mostró en contra del entusiasmo popular con el eclipse. No solo con lo de que la derecha es un culto de la muerte. Es una cuestión de exclusividad. La derecha solo cree en la exclusividad porque solo se puede acceder a ella pagando y un acontecimiento como un eclipse total no se puede hacer exclusivo, no puedes ir por ahí tirándote el pisto por haber visto un eclipse que ha disfrutado toda la gente que ha querido hacerlo, no puedes mirar a otros por encima del hombro. Desde el jueves, he leído el diagnóstico sobre el eclipse de algunos columnistas y opinólogos de derechas o arrimados a ellas y estoy asombrado, una vez más, por el acierto del mío. Los hay que le quitan importancia diciendo que es algo natural, como si eso restara asombro a un nacimiento o a que seamos capaces de caminar sobre dos patas, las hay que aseguran que Sánchez cerró Yebes, en Guadalajara, y luego hay gente que ya no se aguanta los pedos desde hace lustros y está muy enfadada con esto de que la gente disfrute unos minutos de una experiencia común y colectiva, pues esto es lo que es. Entre los más meningíticos de todos estos tenemos que contar a supuestos cantantes que aterrorizaron los oídos del buen gusto en los ochenta reciclados en gurús de la anticiencia y mamarrachos como el tal Amadeo Llados, mucho músculo, poco cerebro, muchos dientes para una sola boca, como la mula Francis, que asegura que esto del eclipse es cosa de lástima porque los pobres no tenemos otra cosa de la que disfrutar. Las plumas prestigiosas que se han manifestado en contra del eclipse, vivir para ver, comparten el pensamiento con un gilipollas como Amadeo Lladós. No existe una diferencia fundamental entre lo que han escrito Félix de Azúa, Elisa Beni, Salvador Sostres o Lucía Etxebarría sobre el eclipse y lo que ha dicho el gurú del clembuterol de la machosfera, es asombroso. Si algo caracteriza a los idiotas de este siglo son sus ansias de exclusividad, su elitismo cutre y oloroso y su desprecio por la gente de a pie que, para colmo, ha tenido la osadía de disfrutar sin su permiso.
También los hay que señalan que estamos ciegos por no querer darnos cuenta de que están tapando sus vergüenzas en el gobierno con esto. Lo de que el eclipse fue una cortina de humo para no hablar de Ceuta es una chorrada que tiene las patas cortitas porque si alguien quisiera hacer algo así probablemente buscaría un acontecimiento que no durara unos minutos, no sé, tal vez un campeonato mundial de fútbol. Ahora imagínense qué habría pasado si el Gobierno y otras instituciones públicas no hubieran repartido gafas y las autoridades sanitarias no hubieran advertido nada sobre los peligros a los que se expone alguien que mira a pecho descubierto un eclipse. No quedaría sitio en The Objective para tanta columna contra el gobierno, Iker Jiménez habría dedicado siete u ocho especiales al respecto con el gnomo mecánico ese que le acompaña a veces y Feijóo estaría pidiendo la cabeza de Sánchez porque la suya es difícil de encontrar.


Gracias por expresar en palabras lo que sentimos y vivimos muchos de nosotres.
Lamentable. Pero lo que quieren esos subseres es que nos escandalicemos. Yo no leo ninguna columna de ningún imbécil, ni siquiera sé quién es el tal Llados, y no me acerco a Twitter o Facebook o Instagram ni con un palo.